Complejo de Edipo : Reencarnación

El cineasta británico Jonathan Glazer procede de esa generación de directores formados en el videoclip y cuya capacidad visual se forjó en los videos de grupos como Blur o Radiohead. Sin embargo, en contra de lo que pueda parecer, la carrera de Glazer ha estado siempre alejada de sus compañeros de generación y si bien directores como Spike Jonze, Michel Gondry o el mismísimo David Fincher han destacado por un dominio apabullante de las imágenes, montadas a un ritmo analítico y radical, el cine de Glazer ha adoptado por un formalismo clásico casi Hitchcockiano que ya se pudo ver en Sexy Beast y que toma su máximo esplendor en la maravillosa Birth (Reencarnación). El film relata la visita de un ser fallecido diez años después de su desaparición en forma de niño que quiere recuperar a su mujer en plena preparación matrimonial. Dejando de lado las hipócritas conservadoras críticas de las cuales se hizo eco la película, el film, lejos de intentar crear polémica, habla de algo mucho más importante, de la capacidad de amar más alla de la muerte, de la imposibilidad de sumergir los recuerdos en el olvido y la posibilidad del planteamiento moral que supone la creencia o no en un dios como recurso al que recurrir en una situación de sufrimiento extremo. El film puede ubicarse en el género fantástico, pero si se analiza objetivamente, se trata de un drama con tintes realistas que hace al espectador plantearse diversas cuestiones que pondrán en duda (o no) la credibiliad del relato (de ahí la gracia de la película). Todo esto aderezado con unas interpretaciones portentosas, que hacen de la actuación de Kidman la mejor de su carrera y que supone el descubrimiento de un monstruoso (por lo grande de su actuación) Cameron Bright en el papel de reencarnado. La cinta es toda una lección de mesura en la dirección, en la que un servidor destaca especialmente el plano en el que Kidman llega junto a su marido al concierto y que recuerda en cierta medida al famoso plano del anillo de Encadenados. Una lección de cine cuyo guión corre a cargo del mitológico Jean Claude Carriere, donde también destaca la atmosfera enrarecida por una fotografía con tonos muy ocres, una película que en su día pasó algo desapercibida pero que el espectador debería recuperar desde ya, en este mismo momento, no pierdan el tiempo, aunque pensándolo mejor, también la podrían visualizar en otra vida...











