
Hasta hace bien poco, para muchos Woody Allen era considerado de forma similar al Clint Eastwood anterior a Mystic River, un dinosaurio sepultado por su pasado. Tanto para la crítica, como para el público de masas (por mucho que los europeos nos empeñasemos), el cine de Woody Allen era caduco, fruto de una mente demasiado neurótica e incluso "carca". Sin embargo, a raiz de sus últimas películas (Melinda y Melinda era un aviso) hemos visto a un Woody Allen que no ha parado de rodar y no ha fallado a su cita anual con las grandes pantallas. Allen ha ido apuntando hasta que ha vuelto a encontrarse con el público, con la crítica y sobretodo, consigo mismo. Y es que Match Point, la última maravilla del director de Manhattan, es sin lugar a dudas, la mejor película que ha parido en decadas. Y es curioso que para ello haya tenido que abandonar su ciudad natal y trasladarse a un Londres gris para narrarnos las peripecias de un profesor de tenis para ascender en la clase social londinense, cueste lo que cueste. El film posee un lirismo que se manifiesta tanto en su estructura narrativa, como en los hechos que narra, siempre a modo de tragedia (todo ello aderezado con música de opera, en este caso Allen prescinde de la banda sonora incidental al uso). Allen juega con recursos narrativos literarios, convirtiendo (como bien decía mi inmejorable compañera de butaca) la película en una obra casi poética.

La veteranía de Woody Allen, lejos de convertirse en una lacra insalvable para el recibimiento de la innovación fílmica, se convierte aquí en un instrumento para la renovación formal del cine de Allen, que nos regala una película mezcla de géneros, con un ritmo totalmente inglés y sobretodo digno del propio Hitchcock (es muy frecuente que el espectador recuerde en varias ocasiones Extraños en un tren). Una dirección de actores perfecta, donde la siempre carnal Scarlett Johanson está maravillosa y en la que destaca un sobervio Jonathan Rhys Meyers que se come con patatas a todo aquel que le acompañe en el plano. El guión es una pieza de ingeniería precisa y detallada, donde cada mecanismo argumental encaja perfectamente en la obra final, y cuyos giros hace que encontremos varias películas en una (magistral el plano del anillo). Y todo englobado no únicamente en un marco de crítica a las altas clases sociales, sino a la manera en la que una persona es capaz de ascender en la vida, el precio que está dispuesto a pagar, la negación de las pasiones y de los verdaderos sentimientos y el egoísmo llevado hasta puntos extremos. La película reflexiona sobre el papel del azar en la vida, en la que un gesto, un pequeño hecho, por mínimo que sea, puede cambiar nuestros destinos, donde la bola puede caer después de dar en la red, en nuestro campo, o en el de nuestro adversario... en este caso, la bola ha caído en el lado de Allen, y de que manera.
Yo ya escucho campanas de Oscar.