Perfeccionismo técnico: De Murnau a Cuarón
Se ha hablado mucho de la última película de Alfonso Cuarón, Hijos de los hombres. Película que muchos (entre los que me incluyo) ya califican como el mejor film de este casi caduco año 2006. Se habla de un guión redondo, de una exquisitez a la hora de retratar de forma creible (con todo lo que esto conlleva) un futuro que no parece tan lejano, pero sobretodo se habla de su poderío técnico en el aspecto de la dirección. Porque la película de Cuarón destaca en la cartelera por un uso espectacular de la técnica cinematográfica sin llegar a límites experimentales, cosa que le sucede habitualmente a (grandes) directores como Steven Soderbergh o David Fincher. Tampoco deja de ser destacable la perfección en el uso de los efectos digitales, llegando hasta lo que a fecha de hoy, es la mejor combinación de ficción rodada en celuloide y uso de planos creados integramente por ordenador. Porque si Hijos de los hombres tiene una virtud, es que la integración de estos no canta en absoluto, en detrimento de algunos films donde el abuso de los llamados Fx resulta insultante para el espectador. Y es que películas como Matrix e Hijos de los hombres, supondrán un antes y un después en la historia del cine, al igual que las innovaciones técnicas que introdujo F. W. Murnau durante el rodaje de El último, en 1924.
Y se que a muchos de los puristas cinéfilos les puede chocar una afirmación similar, pero creanme, no es una blasfemia comparar la perfección del juego óptico de maquetas que desarrolló el director e inventor alemán con la composición de planos como el rodado en una única secuencia de la persecución del coche o el ya famoso del bombardeo en el poblado. Quizá la diferencia resida en que en el caso de Murnau, estas innovaciones eran totalmente novedosas debido a la imaginación de un equipo técnico que quiso sin saberlo revolucionar el cine y la industria hollywoodiense, que absorvió a la mayoría de estos (siendo Murnau el peor parado, rodando únicamente allí Amanecer y dos films más inéditos). Mientras que Cuarón y su productora no han hecho más que perfeccionar una técnica que lleva ya dos decadas amenazando con remover los cimientos de la cinematografía mundial. El caso es que ya sean bolas de ping pong que pasan de una boca a otra, o travellings imposibles que tienen como base unos raíles colgados del techo, tanto El último como Hijos de los hombres, son películas que marcarán un antes y un después. Para bien o para mal, eso aún está por saber.
Y se que a muchos de los puristas cinéfilos les puede chocar una afirmación similar, pero creanme, no es una blasfemia comparar la perfección del juego óptico de maquetas que desarrolló el director e inventor alemán con la composición de planos como el rodado en una única secuencia de la persecución del coche o el ya famoso del bombardeo en el poblado. Quizá la diferencia resida en que en el caso de Murnau, estas innovaciones eran totalmente novedosas debido a la imaginación de un equipo técnico que quiso sin saberlo revolucionar el cine y la industria hollywoodiense, que absorvió a la mayoría de estos (siendo Murnau el peor parado, rodando únicamente allí Amanecer y dos films más inéditos). Mientras que Cuarón y su productora no han hecho más que perfeccionar una técnica que lleva ya dos decadas amenazando con remover los cimientos de la cinematografía mundial. El caso es que ya sean bolas de ping pong que pasan de una boca a otra, o travellings imposibles que tienen como base unos raíles colgados del techo, tanto El último como Hijos de los hombres, son películas que marcarán un antes y un después. Para bien o para mal, eso aún está por saber.













