No me ha gustado
Cloverfield. Me ha gustado
Cloverfield. Estos dos últimos pensamientos han revoloteado por mi mente en las últimas horas, principalmente impulsados por el impresionante guión de
Muerte confirmada, el segundo episodio de la cuarta temporada de
Lost. El guionista de
Cloverfield es el propio Drew Goddard, coautor junto a Brian K. Vaughan de una de las mejores entregas de la historia de
Perdidos. Y es que
Cloverfield ha sido una pequeña decepción para el que esto escribe. Después de meses de una fascinante y genuina campaña de marketing viral, por fin hemos podido ver una película que a algunos nos ha dejado un amargo sabor de boca.
Cloverfield es una de esas películas que levantan ampollas, debido a su concepto de
found footage basado en el hiperrealismo. La película es criticada ferozmente por aquellos que no entienden que el cine evoluciona hacia nuevas tecnologías, por mucho que nos pese a los amantes de los formatos clásicos, y que cada vez están más presentes en la cultura audiovisual, estando
Youtube a la cabeza de este movimiento.
Pero a su vez, está siendo defendida fervientemente por otros, que ven a
Cloverfield como el abanderado de un cine del futuro, en el que la película va más allá de lo que vemos en la pantalla, luchando contra una cierta convencionalidad cinéfila que ataca cualquier atisbo de evolución en la concepción del séptimo arte. Esta defensa a capa y espada de la película, quizá eclipse erróneamente a un pensamiento inevitable sobre en lo que derivará el cine del siglo XXI y a lo que puede que a muchos pille por sorpresa en un futuro: la concepción de una película que va más allá del puro producto cinematográfico, la fusión entre la propia película, el
background y el complemento viral de la misma. Así que una de dos, o no estamos preparados todavía para entender una película como
Cloverfield, cuya clave se encuentra por ejemplo, en páginas ocultas de la red, o bien esta película se queda en un esbozo de lo que esta vertiente cinematográfica quiere pretender llegar a ser.
Es evidente que
Cloverfield supone una revolución, pero también es evidente que la película no es demasiado brillante en muchos aspectos. Lejos de la idealización,
Cloverfield presenta un desarrollo de personajes realmente planos, donde al espectador le importa bien poco el futuro de los mismos, gracias a que no generan ningún tipo de empatía en el mismo. Los cuatro personajes que protagonizan
Cloverfield son practicamente intercambiables, la trama resulta previsible y la historia de amor que sirve como detonante, peca de una redundancia molesta, ya que hubiese sido suficiente con mostrarnos la cinta que reside bajo la propia cinta que nos muestra la ficción. La inverosimilitud de la película no reside en el
leit motive de la grabación, ya que es entendida como el mecanismo necesario para defender el formato, sino en algunos aspectos de un guión que permite cierto tipo de detalles que supuestamente hacen avanzar la trama (véase el momento en que los militares los encuentran en el centro comercial y ni se aventuran a preguntarles si les han mordido).
Tampoco es un error que no expliquen el origen del monstruo, ni siquiera el aspecto formal, que por otro lado es brillante (véase el maravilloso plano de la muerte del operador de cámara). El verdadero error de una película como
Cloverfield es que no existe un hermanamiento entre la verdadera intención de la película (revolucionaria y arriesgada) y el guión (fallido y excesivamente obvio, en el aspecto negativo del termino). Este enfrentamiento entre el "como" y el "que", hace que
Cloverfield sea un puedo y no quiero, un boceto de lo que puede llegar a ser una grandísima película si la industria y el espectador, se ponen de común acuerdo en lo que puede llegar a ser el cine del futuro.